El tren no se detenía. Se movía incesantemente, a ritmo constante, sin parar ni un segundo. Llegué a la estación tres minutos antes de que pasara. Estaba descuidada. De no ser por la gente vestida con trajes corporativos y sombreros elegantes, cualquiera habría pensado que aquel lugar estaba abandonado. Contrastaba mucho con el resto de la ciudad. Con el resto del mundo, en verdad. Miré a mi alrededor y sentí ░
#4.2 – Bajo el gris, hay verde
►►►► Establecer rumbo
