Los pies se quejaban de andar por el árido desierto al que había llegado poco tiempo atrás. Nada más al entrar en aquel paisaje me di cuenta que estaba donde debía estar. La extrañeza que me produjo llegar me resultó más extraña que la extrañeza en sí. Esperaba sentirme menos a gusto. Y, sin embargo, estaba en calma. Bebí la poca agua que me quedaba en la botella, la última ░
99999 – La forma del desierto
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